El problema no es el algoritmo

Hay una frase que se repite mucho cuando algo no funciona en marketing:

“Es que el algoritmo…”

El de Instagram.
El de Google.
El de TikTok.
El de YouTube.

Siempre hay un algoritmo al que culpar.

Y lo entiendo.

Cuando algo no funciona, necesitamos una explicación.

Y el algoritmo es perfecto para eso.

Es complejo.
Es cambiante.
No lo controlamos.


Culpar al algoritmo es lo fácil

Pero aquí está el problema.

Culpar al algoritmo es lo fácil.

Porque no depende de nosotros.

Externalizamos la responsabilidad.

Y en el momento en el que hacemos eso, dejamos de tener margen de mejora.


El verdadero problema

Si el problema es el algoritmo…

entonces no es tu contenido
no es tu mensaje
no es tu estrategia

Y si no es nada de eso, no hay nada que puedas cambiar.

Y eso es peligroso.

Porque te bloquea.


Un ejemplo muy claro

Imagina esto.

Eres abogado.

Y decides empezar a crear contenido.

Publicas vídeos explicando cosas útiles para tus clientes.

Cambios en leyes.
Consejos prácticos.
Situaciones reales.

Pero no funcionan demasiado bien.


Entonces pruebas otra cosa.

Empiezas a hacer contenido más ligero.

Más entretenido.

Y eso sí funciona.

Más likes.
Más visualizaciones.


Pero aquí aparece el problema.

El algoritmo empieza a entender que lo tuyo son los vídeos “ligeros”.

No tu trabajo real.


Y entonces pasa algo curioso:

creces… pero en la dirección equivocada.


Estás haciendo contenido para el algoritmo, no para tu cliente

Este es el punto clave.

Cuando empiezas a adaptar todo lo que haces a lo que “funciona”, puedes perder de vista para quién lo estás haciendo.

Y entonces te encuentras con esto:

mucho contenido
mucho alcance
poco negocio


Un ejemplo real

Esto no es teoría.

Lo estoy viendo ahora mismo trabajando en Brumi.

Hemos cogido un ritmo de publicación constante.

No por hacer contenido por hacer.

Sino porque creemos que cuando alguien llegue, tiene que entender:

qué hacemos
quiénes somos
cómo trabajamos


Hemos probado cosas diferentes.

Contenido muy pegado a nuestro día a día.

A lo que realmente hacemos.

Y también contenido más general.

Más pensado para “funcionar” en redes.


Y la diferencia ha sido bastante clara.

Hay contenidos que han funcionado muy bien en alcance.

Más visitas.
Más likes.
Más movimiento.

Pero sin impacto real en el negocio.

Solo ruido.

Comentarios que responder.
Gente preguntando por cosas que no vendemos.


Y luego lo contrario.

Publicaciones pequeñas.

Menos alcance.
Menos visibilidad.

Pero de ahí han salido clientes.

Personas que han entendido lo que hacemos y han decidido comprar.


Y eso te cambia la perspectiva.

Porque te obliga a hacerte una pregunta incómoda:

¿quieres visibilidad… o quieres negocio?


Disparar sin sentido no es estrategia

Otra cosa que veo mucho:

hacer de todo al mismo tiempo.

Redes sociales.
SEO.
Google Ads.
Contenido.
Campañas.

Todo desde el minuto uno.


Y eso, además de ser caro, suele ser ineficiente.

Porque no hay una base.

No hay un orden.

No hay una estrategia.


El marketing necesita contexto y tiempo

El marketing no funciona bien cuando es impulsivo.

Funciona cuando tiene contexto.

Cuando responde a preguntas como:

  • ¿dónde quiero estar dentro de 3 o 5 años?
  • ¿qué quiero construir realmente?
  • ¿qué canales tienen sentido para mi negocio?

Y a partir de ahí, construir.

Poco a poco.


No se trata de hacerlo todo, se trata de hacerlo bien

No necesitas hacer hoy SEO, mañana redes y pasado campañas.

Eso no funciona.

Lo que funciona es:

elegir bien
empezar
mantener
medir
mejorar


El problema de las estrategias agresivas

Hay negocios que viven a base de picos.

Lanzamientos.
Campañas fuertes.
Acciones puntuales.

Y sí, pueden funcionar.

A corto plazo.


Pero si no hay una base detrás…

no hay nada que sostenga el negocio.

Y el día que eso falla, todo se cae.


No pongas todos los huevos en la misma cesta

Esto se ha dicho siempre.

Pero sigue pasando.

Negocios que dependen de:

una red social
un tipo de campaña
un canal concreto

Y eso es muy frágil.


El algoritmo no entiende tu negocio

El algoritmo optimiza para:

  • retención
  • interacción
  • consumo

No para que tu negocio gane dinero.

Eso depende de ti.


Entonces, ¿qué debería importar?

Más que el algoritmo, debería importarte:

  • tu propuesta
  • tu mensaje
  • tu cliente
  • tu sistema

El algoritmo puede amplificar eso.

Pero no puede construirlo por ti.


Reflexión final

Culpar al algoritmo es fácil.

Pero no te hace mejor.

Lo difícil es mirar hacia dentro.

Entender qué estás haciendo.

Y construir algo que tenga sentido más allá del próximo cambio de plataforma.

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